miércoles, 29 de septiembre de 2010

Pixel, el profeta

La semana pasada, acompañado de Pixel, visité el bar Salmonela, aclaro de entrada que nada tiene que ver con el nombre de este blog. En ese bar se reúnen los perdedores, quizá por eso Pixel y yo nos animamos a beber unas cervezas. Es un lugar sórdido y oscurecido, donde los parroquianos discuten de todo sin temor a perder nada. Me sentí como un protagonista de Ginsberg en Aullido. Bebimos hasta el amanecer. Extrañamente, él discutía de la vida y no de la fotografía, su gran pasión. Pixel, después de ahogar un bostezo, comenzó a confesarme sus obsesiones.

—La vida es un misterioso sueño, y sólo se despierta con la muerte. Quien piense que puede vivir despierto está equivocado, se vive en la muerte. En la vida se ensaya a vivir, se abren los párpados, pero son despertares a medias, y el abrir los ojos de vez en vez no es vivir. Los sueños son como telarañas que impiden disfrutar de la vida. Unos sueñan con poder, otros con el amor; otros con la felicidad. ¿Tú, en qué sueñas?

La polémica de las ciencias y las humanidades

Uno de los corresponsales de El hijo de la Salmonela acaba de enviar un párrafo de su reseña sobre un conflico que parece no tener fin: los humanistas contra los científicos. Así que los invita a buscar el texto completo y, más aún, a leer la obra de Jay Gould: Érase una vez el zorro y el erizo. Las humanidades y la ciencia en el tercer milenio. Crítica, España: 2004, 334 pp.


ÉRASE UNA VEZ EL ZORRO Y EL ERIZO

La polémica de la ciencia y las humanidades, así como la lucha entre científicos y humanistas es, en el fondo, una invención.

La disputa es tan añeja que se ha olvidado el momento en el que comenzó a distanciarse la relación de unos con otros. Estas son algunas consideraciones que el científico Stephen Jay Gould vertió en el trabajo Érase una vez el zorro y el erizo. Jay Gould, uno de los más destacados divulgadores de la ciencia, entró con la cuña para indagar sobre el divorcio que surgió durante el nacimiento de la Revolución Científica.

(Para leer la reseña completa véase  Antonio Sierra, "Érase una vez el zorro y el erizo", en Ciencia y Desarrollo, marzo de 2009)