Discutimos y terminamos besándonos. Luego, ella me habló de su anhelo de viajar, de recorrer el mundo; pero advertí que en realidad no buscaba cruzar la frontera, sino escapar de sí misma. Al final, ambos quedamos quietos, observándo las líneas de las sábanas que desaparecían con el movimiento pausado de nuestros cuerpos.
