jueves, 23 de septiembre de 2010

el desierto

La observé y pude confirmar su decadencia que ocultaba con el tapiz de polvo en su rostro. Pero en otro tiempo me maravilló, cuando presumía su color de piel trigueña, su voz melosa y amable; sentías que te acariciaba el alma. Nancy encogió los hombros y sonrió; siempre traía a cuento los momentos que pasamos en el desierto, paladeando la geografía desolada, descubriendo su flora y su fauna: Cactus sembrados por el capricho de la naturaleza.
Entonces nos aproximamos a los misterios del desierto. Sólo la planta mágica nos ayudó a sobrevivir en medio de tanta arena, en medio de tanta nada. Yo comencé a inventar gestos cuando probé el peyote; sentí el amargor como una punzada, pero luego la saliva refrescó mis labios.

No hay comentarios: