miércoles, 20 de octubre de 2010

Polvo de Iztapalapa

Yo nunca vi el barro y sin embargo he vivido entre el polvo toda mi infancia.

En el campo, adonde el viento no pega, pero ensucia.

Tierra de mi infancia prometedora como un racimo de uvas.

Treinta toneladas de polvo para cada familia de nativos.

Tierra que los vientos regalaban.

En tiempo de lluvias el polvo se volvía espeso.

Bajo el sol de febrero se levantaban remolinos.

Bajo el sol de julio destellaba la firmeza del lodo sin grietas.

A veces el aire formaba torbellinos que crecían como argollas elásticas.

Pero siempre se desvanecían, elevando los techos frágiles de las casas de cartón.

Hasta que en un milagroso otoño los remolinos desaparecieron, quedaron ahogados bajo la cinta asfáltica.

2 comentarios:

Juan Casas Ávila dijo...

A huevo, por aquí va la onda. Me late
sigue por esta ruta. No dejes de plasmar esa rabia contenida.

Juan Casas Ávila dijo...

A huevo, por aquí va la onda. Me late
sigue por esta ruta. No dejes de plasmar esa rabia contenida.